sábado, 24 de marzo de 2012
GWYNETH JONES - ELIZABETH CONNELL : RICHARD STRAUSS : ELECTRA POR RITA AMODEI
Elektra: Gwyneth Jones
Chrysothemis: Elizabeth Connell
Klytämnestra: Leonie Rysanek
Orest: Simon Estes
Aegisth: James King
conductor: Marek Janowski
Antecedentes.- A su regreso de la guerra de Troya, Agamemnon fue recibido con falso afecto por su esposa Klytämnestra (Clitemnestra), que lo condujo a los baños para que reposara en el agua. Allí fue muerto a traición por Agysth (Egisto), hombrecillo miserable y cobarde que se había convertido en amante de Klytämnestra durante su larga ausencia. Las hijas de Agamemnon (Agamenón), Elektra (Electra) y Chrysothemis (Crisotemis), asistieron horrorizadas e impotentes a la entronización del asesino. Pero en la sociedad griega no estaba previsto que una mujer tomara iniciativas de venganza, y como hacía años que faltaba del palacio su hermano Orest (Orestes), las dos hermanas se vieron reducidas a una enervante espera, a la posibilidad de que algún día Orest (Orestes) regresara e hiciera justicia. Chrysothemis (Crisotemis), más acomodaticia, vivía en el palacio y aguantaba la situación; Elektra, furiosa, se negaba a vivir bajo el mismo techo y se alojaba en cualquier rincón del exterior del palacio.
ACTO ÚNICO.- En un patio interior del palacio de Agamenón en Micenas. regido ahora por su viuda Clitemnestra y su amante Egisto, cinco sirvientas están sacando agua de un pozo. Cuatro de ellas hablan de la degradada situación de Electra, sus obsesiones y su odioso comportamiento hacia ella; cuando la quinta criada habla en favor de Electra, es enviada a la celadora, y pronto se oyen los gritos de la muchacha al ser castigada. Se marchan las sirvientas, y aparece Electra, saliendo del palacio. Invoca el espíritu de su padre para vengar su asesinato, y recuerda todo lo ocurrido. Insiste en la profecía que señalaba que el momento de la venganza está próximo, que correrá la sangre y que ella, su hermano y su hermana bailarán celebrándola.
Entra Crisotemis y dice a Electra que Clitemnestra y Egisto piensa confinar a Electra en una torre. Ella confía a Crisotemis sus deseos y sus temores, que encienden su pecho, y, sobre todo, su deseo de casarse y tener hijos. Los sones que llegan del interior del palacio indican que Clitemnestra va a salir, y Crisotemis sale rápidamente para no ser vista por la reina.
A través de las ventanas del palacio se ve un cortejo de sirvientes, sacerdotes y prisioneros; finalmente aparece Clitemnestra, cetrina, abotargada, recargada de joyas y adornos. Lanza una mirada de odio a su hija, y se queja de ella ante sus acompañantes. Después, baja hasta el patio y pregunta a Electra qué remedio habría para alejar el horroroso sueño que la tortura; tal vez un sacrificio acabaría con él. Y Electra le responde afirmativamente, pero que habría de ser un sacrificio muy especial. Clitemnestra le exige, agriamente, que le dé detalles: ¿A quién o qué habría que matar? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Quién sería el encargado de hacerlo? Electra dice entonces que habría de ser un sacrificio humano, de una mujer casada, ejecutada por alguien de su propia familia. El significado es claro, pero Clitemnestra no se apercibe de ello. Electra habla de su hermano, cuyo nombre no se puede pronunciar; sabe que su madre ha tratado de que le den muerte, y vive aterrorizada temiendo la venganza por la muerte de Agamenón.
Finalmente Electra sale de la oscuridad y se dirige hacia su madre y violentamente le dice que ella, Clitemnestra, debe ser la vfctima, que será perseguida por su propio hijo y que éste le dará muerte. Clitemnestra está aterrorizada, pero se hace la luz en el palacio y llega el Confidente, seguido de las sirvientas. Transmite a la reina un mensaje al oído, do, lo que hace estallar en carcajadas a Clitemnestra, que, con aire de triunfo, entra en el palacio. Sale ahora Crisotemis y comunica a Electra las noticias: dicen que Orestes ha muerto. Electra no lo cree. Aparece un criado pidiendo un caballo: tiene que llevar la grata noticia a Egisto. Ahora Electra dice a Crisotemis, que deben llevar adelante la venganza por la muerte del padre; para ello, Electra tomará el hacha con la que dieron muerte a Agamenón.
Alaba la fuerza y juventud de su hermana e intenta halagarla para conseguir su ayuda, pero Crisotemis la rehuye y se marcha. Electra la maldice.
A solas, Electra empieza a excavar febrilmente en el patio. Aparece un hombre; Electra le pregunta qué quiere y él le responde que ha de ver a la reina para comunicarle la muerte de Orestes. Electra reacciona con un amargo lamento. El hombre se alarma ante esta reacción y le pregunta quién es ella; al saberlo, él le dice que Orestes vive; los sirvientes salen de palacio y le saludan: "Los perros del patio me reconocen, dice él, pero no mi propia hermana."
Electra se abalanza hacia Orestes llena de ternura, pero éste no deja que lo abrace, avergonzado del deplorable estado en que se encuentra, en expiación por el asesinato de su padre. Los dos hermanos deciden ahora que debe cumplir la venganza y Electra habla de entregar a Orestes el hacha. Ahora se une a ellos el tutor de Orestes y les anima a llevar a cabo el acto para el que han venido.
Aparecen en escena un criado y la Confidente e invitan a los dos hombres a entrar en el palacio, lo que éstos hacen, dejando a Electra en el patio, presa de gran excitación. Ella comprueba que el hacha sigue escondida. Pero entonces, desde el palacio llega un grito agudo, y después otro. Crisotemis y los criados llegan corriendo, llenos de terror y llamando a Egisto; después vuelven al palacio. Entra Egisto y pide luces, habla brevemente con Electra; nota el cambio que se produce en ella cuando toma la antorcha que le alumbrará en su camino hacia el palacio. Un momento más tarde se oye un grito. Crisotemis y las mujeres vuelven a salir corriendo. Electra irrumpe en escena con una alocada y menádica danza de triunfo; al final, cae muerta, en un colosal clima de demencial alegría. Crisotemis, que la ha estado viendo, se abalanza hacia la puerta y la golpea, gritando: "¡Orestes!".
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